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Salud y Bienestar

Está comprobado: ¡El amor es una adicción!

Estudios científicos avalan la afirmación de que la sensación amorosa incluye un proceso hormonal y una respuesta fisiológica únicas

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Pixabay

La frase ¡No puedo vivir sin ti! es totalmente cierta. Basta evocar un beso o una caricia para entrar en un estado de exaltación alucinada, como cuando se está bajo el efecto de una droga. Hombres y mujeres por igual son víctimas de una deliciosa adicción: el amor.

Otras frases como: ¡Estoy loco o loca por ti! ¡Cada día te necesito más! o ¡Me haces falta para respirar!, no son cursis construcciones lingüísticas, sino proyecciones del subconsciente que percibe un funcionamiento anormal del organismo y así lo manifiesta.

Ese no sé qué inexplicable, que convierte al ser más lúcido en un juguete de la pasión, está relacionado con los procesos hormonales del cuerpo y las emanaciones químicas del organismo.

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Hombre y mujer se ven, se descubren y perciben. Como dos animales se olfatean y comienza el enamoramiento.

Partiendo de esa premisa, tal como lo explica el sexólogo Richard Coolde, el amor entra por la nariz. De allí va al cerebro y al sistema nervioso autónomo, durante un proceso que se complementa con construcciones efectuadas por el subconsciente.

En cada encuentro la adicción a las emanaciones del otro se hace más fuerte y el enamorado requiere dosis más grandes y más concentradas. Al final, las peticiones del cuerpo buscan satisfacción en la cama, pero el sexo empeora el cuadro adictivo y la dependencia hacia el otro se acentúa.

El amor en la primera dosis

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Cuando se encuentra a la persona deseada se dispara la luz roja de alarma. De esta manera, el organismo entra en ebullición, el hipotálamo envía una señal química a la hipófisis, se liberan hormonas sexuales como los estrógenos y la progesterona y se incrementa la producción de feromonas.

Estas sustancias son productos químicos volátiles que las personas liberan continuamente, por los miles de poros de la piel e incluso por el aliento. Además, son capaces de enviar señales de peligro u otras sensaciones como el amor.

Las feromonas producen reacciones químicas que estimulan sensaciones placenteras. Por eso, con un simple cruce de miradas se bajan todas las defensas psicológicas y comienza el padecimiento más común y antiguo que afecta al ser humano: el amor.

Desde la perspectiva patológica, Cupido no tendría la imagen de un infante con arco y flecha sino de un insecto.

Enfermos de pasión

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El amor es inexplicable cuando se excluye del contexto médico. Una mirada fugaz o el más leve roce producen una inmediata descarga del sistema nervioso autónomo y al instante, los capilares de las mejillas reciben la orden de dilatarse.

La tez se pigmenta de rojo pasión, las glándulas sudoríparas se activan y la actividad intestinal se desajusta.

Los signos que delatan el síndrome son rubor, palpitaciones, respiración rápida, temblor en las manos, tartamudeo, falta de apetito, sudoración, ansiedad, desajuste digestivo. Todos los síntomas que pueden relacionarse con un cuadro infeccioso o viral.

La persona se enferma y se sumerge en sensaciones abrumadoras. No quiere comer y aborrece su propio organismo. El alivio llega solo con dejar entrar en su mente una idea, apenas una alusión de la persona deseada.

Al borde de la locura

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Según el estudio realizado por la Emory University de Atlanta, el amor es una enfermedad del sistema nervioso autónomo. Además, su ámbito de acción se centra en esa telaraña de nudos y filamentos ubicado desde la base del cráneo hasta la punta del coxis.

En ese sistema todo es impulso y oleaje químico, allí se asientan el miedo, el orgullo, los celos y, por supuesto, el enamoramiento. A través de nervios microscópicos los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos, glándulas sudoríparas y lacrimales, músculo intestinal, vejiga y genitales.

Las ordenes se suceden a velocidad de vértigo: constricción, dilatación, secreción o erección, todo es urgente, efervescente e impelente. Allí no manda el intelecto o la fuerza de voluntad, porque es el territorio de los instintos, donde la razón es una intrusa.

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El amor induce a una situación emocional distorsionaste de la realidad, que tiene una traducción bioquímica en el cerebro. Muchos científicos lo comparan con otros trastornos como el cuadro psiquiátrico llamado Desorden Obsesivo Compulsivo (DOC).

En 1990, una psiquiatra de la Universidad de Pisa en Italia, Donatella Marazzitti, inició la búsqueda de explicaciones bioquímicas para el DOC en la serotonina, un neurotransmisor que ejerce acción tranquilizante en el cerebro.

Fue así como ella encontró que estos pacientes, al igual que los enamorados, mantienen niveles de serotonina bajos. En ambos casos los afectados están conscientes que su actuación es irracional pero no pueden escapar de ella.

Síndrome de abstinencia

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A medida que progresa la adicción, cuanto más prolongada es la ausencia, más la persona se siente enamorada. La ansiedad de la pasión es el síntoma más claro del síndrome de abstinencia de las feromonas de la pareja.

Pero antes de que las feromonas hagan de las suyas, durante la infancia las personas construyen un mapa mental como resultado de asociaciones con miembros de la familia, amigos, experiencias y hechos fortuitos.

Este molde completo de circuitos cerebrales determina lo que le hará enamorarse de una persona y no de otra.

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En el momento de la ruptura existe una razón bioquímica que puede explicar el dolor de la separación. Cuando un ser humano se enamora su cerebro libera feniletinamina, una sustancia que tiene el mismo efecto que las anfetaminas en el organismo: aumenta la energía física y la lucidez mental.

Al extinguirse las sensaciones del enamoramiento, el nivel de feniletilamina se derrumba y el cuerpo experimenta una especie de síndrome de abstinencia o delirius tremens. Esta sensación coincide con el ansia de comer chocolate, rico en feniletilamina, que sienten muchas personas tras romper con su pareja.

Mujer ante todo, escritora por pasíón y periodista de vocación. Encantadora de Arañas...

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