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La selfie: ¿narcisismo en la era 2.0?

«Estamos realmente en una sociedad de la imagen, de la imagen efímera», afirma Elsa Godart, filósofa y psicoanalista, para quien «la selfie es la llegada de un neolenguaje en el mundo del afecto, de la emoción».

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La selfie es una forma de expresión que llegó para quedarse. Hay quienes le rinden culto y otros que, por el contrario, deshojan las motivaciones y significados que pudieran existir detrás de la auto-fotografía.

Llegó para quedarse… ¿quién se resiste a la tentación de una selfie?

Origen del selfie

Según parece, las selfie no son un invento de este siglo, ni del anterior. Tampoco son una consecuencia directa de las redes sociales ni tienen nada que ver con el auge de los celulares.

Las autofotos parecen ser un recurso muy utilizado en los comienzos de la fotografía, allá por mediados del siglo XIX.

Así se advierte en lo que parece ser la primer selfie de la historia. La imagen corresponde a un entusiasta de la fotografía llamado Robert Cornelius, cuya familia tenía un local de fotografía en Filadelfia, EE.UU., donde tomó la primer autofoto, en 1839.

En aquella época, el tiempo de captura de las imágenes tomaba algunos minutos, lo que le permitió al joven Robert activar el mecanismo y después posar frente al lente sin ayuda.

Ya en nuestros tiempos, cuando se implantaron las cámaras frontales en los teléfonos celulares, en 2003, la idea no era inmortalizar una visita al Louvre con la Mona Lisa al fondo, sino que estaban destinadas a facilitar las videoconferencias y las videollamadas.

La selfie es una forma de darle fascinación a la vida

Con el ego por delante

Esta forma de comunicarse, que invadió Instagram, Snapchat, Facebook y Twitter,  «nos pone en contacto con muchas más personas», destaca el psicoanalista brasileño, Christian Dunker.

Para la semióloga Pauline Escande-Gauquié «por encima de todo, la lógica es crear o fortalecer el vínculo con su comunidad, con sus fans si eres un famoso, con los ciudadanos si eres un político».

La selfie pretende darle fascinación a la vida. Nos fotografiamos en ángulo picado, de arriba hacia abajo, en poses favorecedoras, frente a un decorado atractivo. Con un control total de la imagen.

La selfie más famosa en la historia de los Premios Oscar fue tomada por
Bradley Cooper  en 2014

El autor de una selfie está centrado en sí mismo. «No es un problema de narcisismo, porque el narcisismo es muy positivo, sino más bien de egotismo, de sobrevalorización de uno mismo», explica Godart, autora de «Je selfie donc je suis» (Me hago una selfie, luego existo). «Aunque la selfie tampoco puede reducirse solo a eso».

Una hipervaloración de sí mismo que pretende provocar un máximo de «likes» y suele revelar heridas narcisistas.

Selfies transgresoras


Ángela y su novio Iván hacen lo que sea para obtener las selfies más asombrosas

La selfie espectacular le permite al autor sentirse excepcional colocándose en situaciones excepcionales: posando en lo alto de la Sagrada Familia de Barcelona o en la vertiginosa Shanghai Tower, como la rusa Angela Nikolau, reina de la «escalada urbana».

«Son comportamientos de alto riesgo que dan la sensación de que podemos coquetear con la muerte».


Godart.

En el otro extremo, la selfie de desvalorización de sí mismo gana también cada vez más adeptos, sobre todo jóvenes con gustos menos convencionales que pretenden denunciar los dictados de la belleza y la proliferación de «fakes».

Algunos se han convertido incluso en virales con trucos como el «chinning», fotografías nada estéticas en las que muestran en primer plano sus papadas frente a lugares turísticos. También los depresivos se sacan selfies, «lo que permite también existir», estima Godart.

El chinning es una nueva tendencia en el mundo de las selfies

El photobomb es una autofoto a menudo graciosa en la que alguien irrumpe inesperadamente arruinando los planes del autor, sin que este lo sepa.

Cada vez más creativa, la selfie es también un objeto de militancia 2.0, como para los ecologistas que publican fotos de una playa «antes y después» de limpiarla, o para las mujeres prolactancia que se fotografían con su bebé tomando pecho.

«Eso es algo muy íntimo, pero detrás hay un verdadero mensaje», afirma Escande-Gauquié.

El artista chino Ai Weiwei hizo de la selfie un arma política contra el régimen comunista de Pekín o para dar visibilidad a los migrantes del Mediterráneo.

Las selfies son también un negocio y una herramienta extraordinaria de comunicación para estrellas como Kim Kardashian, la celebridad estadounidense a la que siguen 142 millones de usuarios en Instagram, para los que incluso ha posado desnuda.

Más transgresora, la selfie ‘Beautiful Agony’ expone en la plataforma Flickr los rostros de personas masturbándose.

«Es en la mirada del otro donde culminará este acto masturbatorio. Hacemos el amor a través de la mirada-pantalla interpuesta, vivimos verdaderamente en una sociedad de la imagen», explica Godart.

Traspasando límites

Las selfies tomadas cerca de los restos de seres queridos desafían la muerte.

Para la psicoanalista, es «hacer vivir de nuevo a la persona que ya no está. La virtualidad es el lugar donde ya no morimos». Facebook, además, impide que millones de muertos desaparezcan dejando sus cuentas activas.

Pero la selfie puede ser totalmente adictiva. «Como en todo fenómeno, hay desvíos», afirma Escande-Gaudié, autora de «Tous selfie!».

«Ciertas personas entran en una compulsión y una dependencia de la mirada del otro».

Múltiples aplicaciones permiten ahora afinarse los rasgos de la cara, alisarse las arrugas o cambiar el color de los ojos para acercarse a un ideal soñado de belleza.

«Es un travestismo», valora la semióloga, y si no se toma como un juego, «vamos hacia la patología», ya que hay «una disonancia identitaria que puede ser peligrosa, especialmente para adolescentes».

La selfie es un simulacro, subraya también Dunker, profesor de psicología en la Universidad de Sao Paulo. «Ejerce una presión permanente para que seamos mucho más libres y felices de lo que podemos ser en la realidad».

Una selfie de colección: desde el espacio

Complaciendo al cliente

En este contexto, todos se las ingenian para proponer y sacar provecho de las preferencias que dominan el mercado.

Las selfies en lugares emblemáticos y paisajes llamativos son forman parte de esos recursos con los cuales la gente busca alimentar sus redes sociales, de allí que muchas empresas del sector turismo buscan complacer y estimular la tendencia.

El lujoso hotel parisino Mandarin Oriental promociona un recorrido por la ciudad luz que incluye los mejores lugares para hacerse una selfie. El hotel Grande Bretagne de Atenas identificó en su terraza un “punto selfie” desde el cual se ve una vista impresionante de la Acrópolis. Y el Desert Springs Resort de California, de la cadena Marriott, presta palos de selfie.

Ciudadana y periodista a tiempo completo.

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